miércoles, 1 de septiembre de 2010

De tragedias y triunfos que duran un segundo

Tengo tanto que decir, que mejor me callo.
Por eso no voy a hablar, por eso y porque si hablara no me gustaría escuchar lo que sale de mi boca. Y también porque me merezco disfrutarlo un poco, que me lo he ganado. Porque me lo merecía hace un año y ahora también. Aunque no sea justo, pero es que nunca nada es completamente justo.
Estoy contenta, no esperaba estar tan contenta, pero lo estoy. Y también tengo un poco de miedo. Pero lo que más me ha sorprendido es estar orgullosa, yo, que nunca estoy orgullosa de mí, que sé que esto llega tarde y que ya no tiene el mismo valor porque más que un triunfo es maquillar un fracaso, a pesar de todo eso... yo me siento orgullosa, porque lo he conseguido, porque no he vendido a nadie, ni siquiera a mí, porque se pueden hacer las cosas de otra forma y, a veces, hasta funciona. Y que ya me da igual que llegue tarde, que ellos tendrán sus criterios pero a mí los que me importan son los míos y yo ahí gané por goleada el año pasado y no hay nada más importante que eso.

Pero a pesar de todo lo siento por ti, y sé que suenan como palabras vacías, pero no lo son. Lo siento, tengo un extraño sentimiento de culpabilidad por esta alegría que no sé de dónde sale. Sé que tu injusticia es igual a la mía menos un año multiplicada por dos y me pongo en tu lugar (me cuesta poco) y me da rabia, mucha rabia. Por eso en realidad sería hora de hablar...



Es hora de hablar...

De las cosas rotas que no puedo arreglar
de que este humor no tiene que ver contigo
que hace tiempo que nada acabar consigo
que la fama es el opio del triunfador
que más vale suerte que talento.

Me basta este momento
como una revelación.

Bunbury

P.D La canción es de Bunbury, pero la frase inicial es de Tiza.
Este post se llama "De tragedias y triunfos que duran un segundo" pero también se podría llamar "Que más vale suerte que talento".


martes, 27 de julio de 2010

Tenemos una casa

Por mucho que se empeñaron los bancos, los gestores y los notarios por llenar todo de trámites infinitos para arrebatar la magia del momento, no lo consiguieron. Exactamente 38 meses después de que tuviéramos nuestra primera conversación cara a cara (no de conocernos porque eso no fue un día, sino un proceso que empezó antes y que no terminará nunca) tenemos una casa. Una casa y mil ilusiones y mil recibos más también, pero eso es lo de menos.



Tenemos una casa
con un montón de puertas
si yo cierro las mías, están las tuyas abiertas
Y yo tengo mis discos
Y tú tienes tus discos
sonando disonantes con ritmos tan distintos

Tenemos un espacio
común, incomprensible
Después de amarnos tanto
parecía imposible

Silvia Penide

Estoy deseando que llegue la próxima ola de frío.

Os dejo el link de la canción en spotify

lunes, 26 de julio de 2010

Architecture of Lies

Esas son las desgracias de verdad. Ver a un chaval apoyado en el cristal que le separa de su padre gritando que es un campeón y jurando no olvidar nunca esta lección. Ver a una mujer mayor llorar pidiendo que le cambie el sitio, que es ella quien debiera estar ahí y él fuera. Escuchar a una mujer todavía joven preguntarle entre sollozos a mi madre cómo se hace, cómo se continúa. Y ver a mi madre abrazarla, y escucharla hablar, y pensar que no hay nadie más elegante que mi madre. Eso es ser una señora. Y recordar. Y revivir.
He escuchado a muchas personas decir este fin de semana que luchó 2 años para nada, que la enfermedad pudo con él. Y se equivocan, el cáncer lo mató pero no le venció. Él ha vencido al cáncer, haciendo planes de verano hasta el último día, soñando con volver a casa e ir a una terrazita a tomar una cerveza "a ver pasar la gente". Se consumía por dentro y todavía sonreía al salir a la calle y decía que la vida era maravillosa. Su hijo tiene razón, se ha ido un campeón.
Descansa en paz, Pepe, te lo has ganado.

Used to think I would understand things
Now I learned there's nothing
To be understood

Marlango




miércoles, 21 de julio de 2010

Qué más da...

Nadie nos puede amargar este momento, no tienen derecho. Olvídalos, es lo mejor que podemos hacer. Todo va a salir bien.
5 días, ya no queda nada, lo estamos tocando. Qué raro es querer que llegue un lunes.

La canción no tiene nada que ver con esto, pero sé que te va a animar.

Y mientras,
Yo me enamoraba como un fan
De tu voz, de tus amigos, de tu ropa
Y de tu manera de mirar
La Casa Azul


¿Sabes? yo soy tu fan número uno, es verdad eso de que debería crearte una página en facebook (lo que sería bastante paradójico).





jueves, 15 de julio de 2010

Ahora

Ayer escuché tu canción en el telediario, hablaban del deporte español. No tienen ni idea.
Y me puse a pensar si después de 3 años todavía se puede decir que son nuevos tiempos. Y me acordé de otra canción, y de otro post. Y me di cuenta de lo equivocada que estaba, yo que habría congelado el tiempo ahí, cuando todo estaba por descubrir y cuando todo estaba empezando, yo que no tenía ni idea de que eso era sólo el principio y que lo mejor estaba por llegar.
Porque este ahora es mucho mejor que el de entonces. Porque seguimos besándonos despacio y porque ahora ya sabemos bailar (dance, dance, dance, this life away). Porque ahora ya no es cuestión de pensiones que parecen palacios, porque ahora casi tenemos nuestro palacio. Porque nos seguimos desnudando, a veces sin quitarnos la ropa. Porque ahora hay menos dudas donde descarrilar. Porque hay días que no saldríamos de la cama. Porque ahora tengo dos almas que no tenía, ahora que sólo sé pensar en plural porque cuando faltas todo está incompleto. Porque ahora apenas llueve. Porque ahora me muero de ganas de pintar nuestro mundo contigo. Porque ahora no hay olvido, sólo tú a todas horas paseándote por mi cabeza. Porque ahora sabemos querernos y porque seguimos aprendiendo a querernos un poco más cada día. Porque ahora sólo pasan fugaces las semanas que compartimos. Porque sigo teniendo ganas de trepar a tu ventana, porque quiero que tu ventanta sea mi ventana. Porque nos hemos quitado el anitifaz las dos. Porque nuestros sentidos ahora sienten con menos miedo. Porque ahora no hay despedidas. Porque seguimos tocándonos con los ojos, mirándonos con las bocas y gritando con los dedos. Porque no quiero vacunas. Porque no quiero bajar de la luna. Porque no puedo dejar de escribirte. Porque esto es estar viva. Porque aunque yo me mida con los demás, sé que para ti no hay más medida que la mía. Porque quiero que éste sea nuestro cuento de nunca de acabar.
Porque te quiero.





jueves, 3 de junio de 2010

Antes, en aquel otro mundo distante

Hace tiempo te dije que no estaba lejos el momento en que el viento cambiara, ¿lo recuerdas? Me gusta pensar que acerté, aunque, para ser sincera, en aquel momento no pensaba que fuera a estar tan cerca.
Tres primaveras después, mi viento sigue soplando a favor. No es que todo sea perfecto, no es que no haya días en que me metería debajo de la sábana y no saldría, no, es que he encontrado mi rincón favorito en tu regazo, es que ahora tengo un lugar donde refugiarme, es que existes y es que cada vez siento que esto funciona más y mejor.
Varias primaveras atrás todo era tan distinto... tiempos de otro cantar, tal cual. Por eso antes escribía más, porque ahora las canciones son distintas y porque se suele tener más necesidad de lamentarse que de dar las gracias.

Siempre hay una canción que lo cuenta mucho mejor:

Varias primaveras atrás
el viento cambió,
y una canción me trajo hasta aquí.

No fue más que un signo sutil
que luego creció,
y una canción me trajo hasta aquí.

Antes, antes en aquel otro mundo distante,
tiempos de otro cantar.
Lejos, lejos con la mirada en otros espejos,
sin darme cuenta un día eché a andar.

Con un entusiasmo infantil
que dura hasta hoy,
una canción me trajo hasta aquí.

Fui dejando versos detrás
renglón a renglón,
una canción me trajo hasta aquí.

Antes, antes en aquel otro mundo distante,
tiempos de otro cantar.
Lejos, lejos con la mirada en otros espejos,
sin darme cuenta un día eché a andar.

Jorge Drexler




viernes, 2 de abril de 2010

Y el infinito nos convierte en números irracionales

Yo también soy un poco Mattia y un poco Alice, más Alice que Mattia. Alice con su insoportable necesidad de sentirse aceptada, con su certeza de haber hecho todo mal y el temor a ser descubierta, como antes del accidente o como en la escena del water.
Pero yo no creo que seamos números primos, quizá Mattia sí, él se parece más a un número primo. Alice no, Alice es como yo: divisible por uno y por infinitos más, tantos como nos miran. Sin embargo, me vi en Mattia más que en nadie en aquel momento, cuando mira y no encuentra nada de sí mismo alrededor y se da cuenta de que todo a lo que puede aspirar es a la complicidad que nace del contacto continuo, si eso se esfuma ya no queda nada, te has desvanecido. Por eso se va, porque ha dejado de tener sentido, porque todo se ha perdido ya.
La contraportada viene a decir que son así porque quedaron marcados en su infancia pero no es verdad. Uno no es así por algo en particular, es algo más profundo, eso viene de adentro y no se puede explicar, simplemente se es así, puede que con el paso del tiempo se acentúe más o menos según lo que nos toque vivir, pero la raíz no es un hecho, el hecho es sólo la excusa. Lo sé porque lo he visto.

Los números pares
no encontraban sus lugares
y los impares parecían números naturales.
Los decimales sugerían que no eramos normales
y el infinito nos convierte en números irracionales
y no hablaremos de los números primos que sólo se dividen por uno o por ellos mismos

Ivan Ferreiro